viernes, 24 de junio de 2016

Exclusiva y Excluyente…






PARA MIS AMIGOS                                                                                    
                                                                      
                                                                                                                         JOAQUIN F. CHAFFARDET


Hace meses había decidido no escribir más por dos razones: la abundancia de excelentes comentaristas y columnistas por una parte y por la otra la abundancia de temas que surgen día a día que me hacen casi imposible decidirme a escribir sobre uno en particular. Pero las dos palabras que sirven de título a este artículo me hicieron romper mi decisión. Dos palabras que resumen el talante totalitario de la dictadura chavista, su nomenclatura y sus cómplices.

Hoy, 23 de Junio de 2016, se llevó a cabo la reunión del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos para oír el informe que su Secretario General, Luis Almagro, sobre la situación de Venezuela. La reunión se pudo ver en directo en internet en sitio web de la OEA y fue transmitida en vivo por numerosos canales de televisión.

La señora Delcy Rodríguez, especie de Iris Varela pero con el cabello no peinado con triqui-traquis, no desaprovechó la oportunidad para dejarnos en ridículo ante la comunidad internacional. Tratando de tapar el sol con un dedo propuso que no se aprobara la agenda de la reunión que tenía como tema único conocer oficialmente el informe del Secretario General. Sometida a votación, una abrumadora mayoría aprobó la agenda y Almagro procedió a hacer un resumen de su minucioso informe de 132 páginas.

Nunca había oído hablar a la señora Rodríguez. Me llamó la atención que por momentos tratara de imprimirle  a su discurso la misma cadencia, acento y entonación cubanoide del felizmente fallecido Comediante Eterno y de repente cambiaba su hablar por uno que  hacía recordar el hablar de Laura Pérez, la sin par de Caurimare. No me sorprendió su facilidad para insultar y denigrar de nacionales y extranjeros que discrepen de la dictadura venezolana. Todo su discurso  siempre acompañado de un tono y un lenguaje corporal de mesonera retrechera de un oscuro bar arrabalero.

En su intervención final trajo a colación la presencia en la sede de la OEA de Henry Ramos Allup y otros diputados de la Asamblea Nacional. A propósito de esa presencia, la señora Rodríguez alertó a los países miembros sobre el “extraordinario peligro” que representa para los gobiernos de la región y para la OEA que los “sectores de oposición” de cada país puedan tener acceso y ser oídos en ese organismo. Esa posición pone en evidencia lo que la dictadura venezolana y otras naciones de poco talante democrático tienen sobre la naturaleza de los organismos internacionales: son clubes de gobiernos y de presidentes para defender sus particulares intereses.

Como si no estuviera satisfecha con sus numerosos dislates e insultos, agregó uno de los dislates producido por los abogados de Maduro y acogido por el bufete de abogados de Miraflores, llamado sala constitucional, y repitió, librito azul en mano, que la presencia del Presidente de la Asamblea Nacional violaba el artículo 236 de la Constitución, ya que como había declarado la sala constitucional “…la dirección de las relaciones exteriores es una competencia exclusiva y excluyente del presidente de la República…”

Cuando oí esa expresión, decidí buscar el currículo de la señora. Y dice en su currículo que es abogado, lo que si me sorprendió, porque los estudiantes de derecho desde el primer año de la carrera deben estar familiarizados con el texto constitucional y quienes ejercen altos cargos en la administración deberían tener un conocimiento por lo menos igual al de un estudiante de primer año de derecho.

Afirmar que la dirección de las relaciones exteriores es una “competencia exclusiva y excluyente” del presidente de la República, es un disparate jurídico que revela que la “abogado” canciller no ha leído la Constitución y por supuesto no la puede interpretar.

En efecto, el numeral 4 del artículo 136 constitucional es del siguiente tenor:

Artículo 236. Son atribuciones y obligaciones del Presidente o Presidenta de la República:
 …
4. Dirigir las relaciones exteriores de la República y celebrar y ratificar los tratados, convenios o acuerdos internacionales.

Como se puede apreciar en el texto, en ninguna parte dice que sea una atribución “exclusiva y excluyente” del presidente. El artículo 236 enumera las “atribuciones y obligaciones del Presidente o Presidenta” y tanto las atribuciones como las obligaciones del presidente o presidenta, como las de cualquier otro funcionario público, tienen límites y controles. El presidente no es el dueño del destino internacional de la República ni puede hacer con sus relaciones exteriores lo que a él se le ocurra de manera exclusiva y menos aún excluyente.

En efecto, una lectura rápida del texto constitucional nos lleva al encuentro de numerosas limitaciones a la atribución y obligación del presidente de dirigir las relaciones exteriores de la República.

 Así el artículo 154 constitucional dispone lo siguiente:

Artículo 154. Los tratados celebrados por la República deben ser aprobados por la Asamblea Nacional antes de su ratificación por el Presidente o Presidenta de la República, a excepción de aquellos mediante los cuales se trate de ejecutar o perfeccionar obligaciones preexistentes de la República, aplicar principios expresamente reconocidos por ella, ejecutar actos ordinarios en las relaciones internacionales o ejercer facultades que la ley atribuya expresamente al Ejecutivo Nacional.

Es decir, que el presidente en el ejercicio de su obligación de dirigir las relaciones exteriores, está limitado en su capacidad para ratificar tratados que son instrumento fundamental de las relaciones exteriores, ya que la Constitución ordena que para su ratificación requieren ser aprobados previamente por la Asamblea Nacional. De manera, que evidentemente la Asamblea Nacional por ser la representación de la soberanía popular, no está excluida, constitucionalmente, de participar en la dirección de las relaciones exteriores de la República. Tiene una función de control y de veto.

Pero esto señora Delcy, no es todo en materia constitucional y las relaciones exteriores. El artículo 187 en sus numerales 9, 11, 13, 14 y 18 establece las materias que le corresponden a la Asamblea Nacional y que tienen relación directa con las relaciones exteriores de la República.

Así, el numeral 9 se refiere a una materia extremadamente importante para nuestras relaciones exteriores, nuestros recursos naturales y aquellos contratos de interés público, que por cierto han sido objeto de numerosos actos de corrupción en 17 años de dictadura chavista y a la letra dispone:

Artículo 187. Corresponde a la Asamblea Nacional:
….                                                                 
9. Autorizar al Ejecutivo Nacional para celebrar contratos de interés nacional, en los casos establecidos en la ley. Autorizar los contratos de interés público municipal, estadal o nacional con Estados o entidades oficiales extranjeros o con sociedades no domiciliadas en Venezuela.

Contratos como los realizados para hacer de la Faja Petrolífera del Orinoco una torre de babel para ayudar a los cómplices del régimen, como los realizados a través de Petrocaribe como parte de la política de la “petrochequera”, tendrán que pasar por la Asamblea Nacional, sin cuya autorización no podrán celebrarse. Contratos de interés nacional y de interés público, como aquellos mediante los cuales la dictadura le entregó al gobierno cubano el manejo y control de los sistemas de identificación, registros y notarías, puertos y aeropuertos, sistema de salud, sistema educativo, etc, etc., requieren de autorización de la Asamblea Nacional, de lo contrario son írritos y quienes los ejecuten quedan sujetos a acciones civiles, administrativas y penales.  

El Numeral 11 de dicho artículo establece:

11. Autorizar el empleo de misiones militares venezolanas en el exterior o extranjeras en el país.

Misiones militares como la enviada a Bolivia requieren de la autorización de la Asamblea Nacional. Igualmente requiere la aprobación de la Asamblea Nacional el establecimiento de misiones militares en cualquiera de nuestras embajadas o consulados en exterior.

El texto constitucional en el numeral 13 del artículo 187 extiende la participación de la Asamblea Nacional en materia de relaciones exteriores hasta requerir su autorización para que “los funcionarios públicos o funcionarias públicas [puedan] aceptar cargos, honores o recompensas de gobiernos extranjeros…”, lo que no puede hacer el presidente. Dicho numeral dispone:

13. Autorizar a los funcionarios públicos o funcionarias públicas para aceptar cargos, honores o recompensas de gobiernos extranjeros.

Adicionalmente, la Constitución le pone otra limitación al presidente de la República, esta vez referida a su facultad para nombrar los “los Jefes o Jefas de Misiones Diplomáticas Permanentes” cuyo nombramiento debe ser autorizado por la Asamblea Nacional. El numeral 14 dispone:

14. Autorizar el nombramiento del Procurador o Procuradora General de la República y de los Jefes o Jefas de Misiones Diplomáticas Permanentes.

Y finalmente, en el numeral 18, como para que no quede duda alguna, vuelve el constituyente a insistir en lo dispuesto en el artículo 154 de la Constitución:

18. Aprobar por ley los tratados o convenios internacionales que celebre el Ejecutivo Nacional, salvo las excepciones consagradas en esta Constitución.

De manera, que la “abogado” Delcy, debe darle aunque sea una ojeadita a la Constitución o comprar una edición de formato más grande, porque el formato miniatura azul parece que impide su correcta lectura y se ha convertido en un símbolo ridículo y pavoso.

La representación popular
La representación parlamentaria, de acuerdo con el artículo 186 del texto constitucional reviste un doble carácter. El diputado es, al mismo tiempo, representante de la entidad federal y representante popular, lo cual reafirma el artículo 201 al expresar que los diputados son representantes del pueblo y de los Estados en su conjunto. (Exposición de Motivos de la Constitución)

Artículo 201. Los diputados o diputadas son representantes del pueblo y de los Estados en su conjunto, no sujetos o sujetas a mandatos ni instrucciones, sino sólo a su conciencia. Su voto en la Asamblea Nacional es personal.

Es decir, que la Asamblea Nacional es la representación genuina del pueblo venezolano y además, depositario de la soberanía, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 5 de la Constitución, que a la letra expresa:

Artículo 5. La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce directamente en la forma prevista en esta Constitución y en la ley, e indirectamente, mediante el sufragio, por los órganos que ejercen el Poder Público.

En consecuencia, la Asamblea Nacional puede acudir, por las razones que estime pertinente, ante cualquier organismo internacional en nombre de la institución, del poder autónomo que es. Si a ver vamos, la Asamblea Nacional es el más legítimo de los poderes porque representa directamente a los ciudadanos, a todas las entidades federales y es depositaria de la soberanía nacional.

¡Absurdo! Como todas manifestaciones del régimen y sus parlanchines.




Houston, Texas 23 de Junio de 2016.

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