viernes, 6 de marzo de 2015

A NUEVE MESES DEL CHIKUNGUNYA: SUS SECUELAS

                                                       MARIA YANES (*)
El 30 de mayo de 2014 se presentó el primer caso importado de chikungunya (CHIK) en nuestro país. A partir de esa fecha y de manera acelerada, los casos autóctonos superaron los importados. En el boletín epidemiológico nacional número 24, correspondiente a la semana del 8 al 14 de junio de 2014, se publicó por primera vez sobre “la vigilancia, manejo de pacientes y medidas de prevención y control para la fiebre chikungunya”, pero en ningún momento se reportó el número de casos sospechosos y confirmados de manera oficial.
La información de la cual disponemos al cumplirse 9 meses de la penetración de este virus en nuestro país, es la cifra oficial que pudieran haber proporcionado las autoridades de salud de Venezuela a la Organización Panamericana de la Salud (OPS) reflejada en la tabla que publica dicha organización sobre el número de casos reportados de chikungunya en países o territorios de las Américas.
Según esta fuente, en lo que va de año, en la semana epidemiológica número 8 y actualizada hasta el 27 de febrero de 2015, se reportan en Venezuela 34.642 casos sospechosos y 2.303 casos confirmados, cifras que nos sorprenden por ser la misma reportada al cierre de la última información de la OPS correspondiente al 29 de diciembre de 2014.

Este número de casos se contradice totalmente con las proyecciones extraoficiales que han realizado nuestros expertos epidemiólogos, los cuales han señalado que la fiebre chikungunya ha afectado en forma de brote epidémico a nuestra población y por supuesto el número de casos ha sido superior a lo que reporta la OPS. Nos preguntamos: ¿no ha habido más casos de CHIK desde que culminó el año 2014? Dato incongruente y nada creíble. ¿Cuál es el estatus actual de esta enfermedad en nuestro país? Ya se registra un número de casos muy bajo; sobre todo en los estados centrales, se mantendrá como una enfermedad endémica, esto quiere decir la presencia de casos habituales de esta enfermedad en una población concreta. Sin embargo, en los estados occidentales, como Táchira, Mérida, Trujillo, Barinas y Zulia, todavía hay un número importante de casos, de manera que hay mucho por hacer para la prevención y control del CHIK.


Pero es necesario destacar de este virus, que a pesar de su bajo índice de mortalidad –apenas 0,3 a 1 paciente por cada 1.000 casos–, puede dejar graves secuelas articulares en los pacientes a diferencia del dengue (recordemos que ambas enfermedades son transmitidas por el mismo mosquito). Actualmente son muchas las personas que incluso se han visto afectadas en el ámbito laboral por la repercusión en las articulaciones. Esta complicación pudiera durar desde meses hasta 2 años, e incluso llegar a la expresión clínica de artritis crónica. Se han descrito casos de pacientes que han tenido un importante alcance en las articulaciones de las manos con dificultad para la aprensión de algún objeto pudiendo ser incapacitados permanentes; según expertos, 20 % de las personas que la ha padecido pueden presentar este cuadro, que además requieren medicación indefinida, la que a su vez es difícil de conseguir actualmente en las red de farmacias.


Uno de los aspectos puntuales a considerar también son aquellos pacientes crónicos con enfermedades como diabetes, cardiopatías, insuficiencia renal, Parkinson, entre otras, que pueden complicarse con un cuadro grave de CHIK. Por ser una enfermedad emergente, es decir, de reciente aparición en Venezuela, somos una población muy susceptible desde el punto de vista inmunológico y hay más tendencia a que el brote epidémico sea de mayor connotación. Afortunadamente este virus deja inmunidad y tiende a no repetir, pero las interrogantes finales son: ¿las autoridades de salud han considerado estas últimas observaciones? ¿Se han realizado o previsto hacer de manera permanente campañas de educación masiva sobre las medidas de prevención a la población?
No basta con la fumigación y la abatización –eliminación de los criaderos del mosquito–, si se ha hecho de manera efectiva a cargo de la Dirección de Salud Ambiental del Ministerio de Salud. Se aproxima la temporada de lluvias, con lo cual aumenta la población del mosquito transmisor. Sumamos a esto el silencio oficial a través de la no emisión del boletín epidemiológico nacional desde hace 4 meses, herramienta fundamental para la vigilancia y control epidemiológico de enfermedades endémicas y epidémicas, destacando una vez más, como lo señalamos al principio, nunca se reportaron los casos de CHIK en dicho boletín a pesar de haber sido declarada enfermedad de notificación obligatoria en octubre del pasado año.



(*) Presidenta de la Red de Sociedades Científicas y Médicas de Venezuela

jueves, 26 de febrero de 2015

Luis Ugalde, S.J.

“El plan era eliminarme a mí simultáneo al ataque a Siria para anular
 este portento moral y político que es Venezuela” (N. Maduro, 2014).

“…sintió pena por la gente que se veía obligada a sembrar plátanos en sus jardines, esperanzados de comer un poco más de lo que la pobreza del racionamiento permitía. (…) no era el bloqueo el que producía la escasez de viandas, que se cultivaban en el país, sino la burocratización total del país que convertía a los plantadores en empleados del Estado y hacía que estos se despreocuparan por completo de las cosechas (…) el bloqueo de los Estados Unidos contra Cuba, (…) no podía explicar la escasez general de alimentos que antes el país no sólo producía lo suficiente sino que llegaba a exportarlos. Se dio cuenta de que este pensamiento, de ser expresado de viva voz, sería tildado enseguida de contrarrevolucionario en cualquier centro oficial”.  
No es Venezuela, es la Cuba de hace medio siglo en la pluma del escritor cubano Guillermo Cabrera Infante, recordando su esquizofrenia en 1965 y la de sus compañeros, funcionarios atrapados entre los restos del entusiasmo revolucionario de ayer y la brutal  pobreza y dictadura de hoy, donde el fuego de la esperanza se volvía cenizas. Rodeados de creciente miseria, a escondidas y en susurros, iban enterándose de cómo unos compañeros revolucionarios eran delatados por otros y sepultados en la cárcel de La Cabaña, si no lograban escaparse al exilio antes de que se cerrara la última puerta. Lo que soñaron como vida, al amanecer lo reconocieron como cenizas de muerte, cárcel, silencio y servidumbre, con doble moral institucionalizada.
Ya- ni allá ni aquí- nadie cree en el idealismo socialista, todo se reduce a sobrevivir en el poder al precio que sea, asediados por la propia incapacidad, demagogia y cinismo “revolucionarios”, millonarios armados que entronizan la pobreza nacional. La represión, las armas  y el militarismo suplen la falta de apoyo de la gran mayoría; película estalinista repetida en la “revolución cubana” donde al inicial sueño de la libertad  y justicia le nacen rejas por todas partes.

¿Alternativa? Sincerarnos con la realidad y tomar en serio y con indignación los derechos humanos perdidos, y reafirmar activamente la vida digna, el amor a Venezuela y a la violada Constitución, renunciando a un modelo “socialista-estatista” que necesariamente lleva a la miseria  y cárcel nacional. Es la vía para que la muchedumbre cerque a una minoría aferrada al poder que endurece los golpes dictatoriales, inventa magnicidios, convierte a los opositores en criminales, apresa a líderes como Ledezma, amenaza a María Corina Machado y Julio Borges…, mantiene arbitrariamente preso a Leopoldo López y a decenas de jóvenes luchadores por la democracia, los maltrata en las mazmorras y los criminaliza con acusaciones inventadas. Todo esto rodeado de miseria creciente reflejada en las colas y en los estantes vacíos…

¿Alternativa democrática? La unión de una inmensa fuerza sin armas; unión para denunciar, para romper el cerco comunicacional y para actuar. Las armas, la represión y la manipulación comunicacional las tiene el régimen, pero ya carece de gente y de esperanza. Enfrente el nuevo camino de esperanza realista, basada no en promesas al viento de la ilusión, sino en la dura realidad actual y las potencialidades productivas y el espíritu creativo hoy reprimidos. Transición somos todos en esta catástrofe nacional, excepto quienes se aferran a su represivo poder dictatorial. Unir a Venezuela (85% de los venezolanos, víctimas en uno y otro lado) en torno a las denuncias y a las propuestas alternativas y un triunfo electoral en las parlamentarias de este año, tan contundente que al gobierno decadente se vea obligado a reconocer que él y su modelo están derrotados. Es el camino que hay que presentar con coherencia, claridad, sin mezquindades ni dobles rostros que confunden, y con la puerta abierta a muchos que del lado del gobierno vienen con la esperanza perdida.
La cuaresma cristiana es camino de austeridad y cruz, centrado en la esperanza de la Resurrección y nueva vida. Muerta la esperanza en el falso paraíso marxista afirmemos la esperanza en nuestra dignidad, capacidades, unión y creatividad para abrir un nuevo camino para una nueva Venezuela.


Caracas, 26 de febrero de 2015







AL PRESBITERIO Y AL PUEBLO DE DIOS QUE PEREGRINA EN ESTA IGLESIA DE SAN CRISTÓBAL





1.
A los pies de la Cruz, traspasado su corazón de Madre, María recibió el cuerpo de su Hijo, recién muerto clavado en la Cruz. Antes, con palabras amorosas, Jesús nos la había dejado como Madre de todos los seres humanos. Su dolor, inexplicable a toda lógica humana, se asoció a la obra redentora de su Hijo. Hoy, ante los tristes acontecimientos ocurridos el 24 de febrero con la muerte violenta de un joven liceísta, como creyentes en Dios apelamos a María, la Virgen Dolorosa, cuyo corazón, de acuerdo a la profecía de Simeón, fue traspasado por una espada (cf. Lc. 2,35). Debemos acudir a ella para presentarle el dolor de una madre y de un padre, golpeados por la muerte violenta de su pequeño, hijo y cuyo corazón también ha sido traspasado por una espada movida por la violencia presente en nuestra sociedad.

Junto a ese dolor de dichos padres y sus otros hijos y familiares, también se asocia el de tantos padres y madres quienes están, viendo inermes e indefensos, la muerte física y moral de sus seres más queridos. Muerte física debido a la violencia y la inseguridad. Además, la muerte moral causada por tanta descomposición, con sus expresiones de droga, prostitución y materialismo.

La angustia causada por la muerte del Hijo, se convirtió en María en fortaleza y esperanza con la Resurrección. Ella, la llena de gracia, sale al encuentro de los padres, hermanos y familiares del joven estudiante asesinado para darles un consuelo y una fortaleza más que necesaria en estos momentos de tribulación. Le pedimos de todo corazón a María de la Consolación no les abandone y les dé el acompañamiento maternal de su intercesión ante el Hijo, Dios del Amor.

2.
De nuevo rechazamos todo tipo de violencia, venga de donde venga. Pero de manera particular pedimos encarecidamente a las autoridades civiles, militares y policiales que no empleen ni métodos ni armamentos contrarios a la legalidad y a la dignidad de los seres humanos. Su deber es mantener el orden, apegados a la ley y el respeto a los derechos humanos, así como brindar a todos los ciudadanos la necesaria seguridad. Quienes son los causantes de la muerte del joven estudiante y de otros desmanes deben asumir su responsabilidad y ser llevados a los órganos correspondientes de administración de justicia.

La protesta es un derecho ciudadano. Ciertamente que debe realizarse en los parámetros de la legalidad y debe ser pacífica. Hay muchas razones serias y objetivas para ella. Quienes la realicen deben hacerla con sentido ciudadano y respetando también la sana convivencia de los demás conciudadanos. De igual modo, las autoridades correspondientes deben escuchar los clamores de quienes elevan sus voces y leer en ellas las indicaciones, sugerencias y peticiones que se les hace. Por ello, siguiendo la invitación del Papa Francisco, nunca hemos de agotar los espacios para el encuentro y el diálogo, el cual ha de ser siempre constructivo y comprometedor para la búsqueda de soluciones y así dar respuestas a las necesidades de todos.

Condenamos todo tipo de violencia, reñida con los principios fundamentales del Evangelio y el mandamiento del amor fraterno: desde la represión inhumana hasta el menosprecio de los más pequeños y débiles. El Evangelio nos recuerda un compromiso distintivo de nuestra fe en Jesús: ser constructores de la paz, pues somos hijos de un mismo Dios y Padre (cf. Mt. 5,9)




3.
Los creyentes en Cristo siempre estamos ante el desafío del Evangelio, Palabra viva de salvación y libertad. Todos los discípulos de Jesús, cualquiera sea nuestra condición (estudiantes, obreros, políticos, profesionales, empresarios, agricultores, sacerdotes, amas de casa, ricos y pobres…) estamos comprometidos con la edificación de un mundo nuevo, donde brille la luz del Reino de Dios, con sus características de paz, justicia, reconciliación, perdón, solidaridad… Ello exige de todos nosotros una actitud humana y cristiana: humana, por los valores fundamentales y la defensa de la dignidad de la Persona; cristiana, por el testimonio de caridad y esperanza desde la propia fe.

En esta línea nos ayudan las palabras del Papa Francisco, quien nos está invitando a no dejarnos robar la esperanza (cf. Evangelium Gaudium 86): Los males de nuestro mundo —y los de la Iglesia— no deberían ser excusas para reducir nuestra entrega y nuestro fervor. Mirémoslos como desafíos para crecer. Además, la mirada creyente es capaz de reconocer la luz que siempre derrama el Espíritu Santo en medio de la oscuridad, sin olvidar que «donde abundó el pecado sobreabundó la gracia» (Rm 5,20). Nuestra fe es desafiada a vislumbrar el vino en que puede convertirse el agua y a descubrir el trigo que crece en medio de la cizaña (n. 84).

Estamos todos invitados a dar nuestra contribución a la crisis por la que atraviesa el país. Cada uno desde su posición, respetando el ordenamiento constitucional y jurídico del país: las autoridades nacionales y regionales deben prestar oído atento a los clamores de muchos de los ciudadanos; los dirigentes políticos, de todas las tendencias, deben sumar esfuerzos para crear un clima de paz, concordia y aportar  lo necesario para la solución de los problemas. Todos los miembros de la sociedad, desde el cumplimiento de los deberes y la exigencia de respeto de los derechos fundamentales, sobre todo el de la vida, hemos de ayudar a la paz y la convivencia fraterna de todos.

En los momentos de crisis, poner la mirada en los valores del Reino de Dios nos permitirá no sólo superar las dificultades sino, de manera clara y decidida hacer brillar,  de manera continua y cotidiana, la luz de la verdad, la justicia  y la paz, cuya fuente primordial es Cristo Salvador. Para ello nos colocamos en los brazos del Cristo amoroso del rostro sereno, y contamos con la maternal protección de María del Táchira, Nuestra Señora de la Consolación.



+Mario, Obispo de San Cristóbal.

En San Cristóbal, 25 de febrero del año 2015.



miércoles, 18 de febrero de 2015

¿POR QUÉ ES TAN IMPORTANTE LA PREVENCIÓN EN SALUD?

                                                                                                                                                    María Yanes  (*)





Uno de los significados de la palabra prevención, según el diccionario de la lengua española (DRAE) es: “Preparación y disposición que se hace anticipadamente para evitar un riesgo o ejecutar algo”, importante definición para entender la trascendencia que tiene en  salud. En este sentido, podemos considerar que en un verdadero y adecuado sistema de salud el pilar fundamental del mismo debe ser la prevención del riesgo o, lo que pudiera ser igual, la prevención de la enfermedad. Mantener las condiciones de vida lo más sanas y saludables posible en  una población es el objetivo fundamental de todo sistema de gobierno, cuyo deber es tener o alcanzar la consolidación de un auténtico y efectivo sistema público nacional de salud.
El evento internacional más importante sobre este tema se realizó en el año 1978, en la Ciudad de Alma-Ata, en la República de Kazajistán, miembro de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Dicho evento fue preparado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Unicef; participaron 134 países y 67 organizaciones internacionales, de allí salió la famosa e importante “Declaración de Alma-Ata”, la cual contenía los lineamientos que enfatizaban  la importancia de la atención primaria en salud (APS), y cuyo objetivo principal se apoyaba en el lema “Salud para todos en el año 2000”.
Si se realizara en forma efectiva la atención en salud en sus tres niveles: primario, secundario y terciario, como se ha establecido incluso por la OMS/OPS, la situación de salud en nuestro país sería otra, pero qué difícil ha sido lograr este modelo de atención establecido incluso por las organizaciones de salud de gran relevancia.
En el nivel de prevención primaria se trata de evitar o prevenir la enfermedad o daño en personas sanas; el secundario está encaminado a detectar la enfermedad en su estadio inicial a fin de aplicar medidas que eviten su progresión; en el terciario ya estarían contempladas las medidas para el tratamiento y rehabilitación en una determinada enfermedad que frenen la progresión de la misma y evitar las complicaciones que puedan deteriorar la calidad de vida de la persona enferma. Para esto hay que implementar un modelo o políticas de salud acordes con los tiempos y tener la planificación que conlleve a hacer efectivo este modelo de atención. La atención primaria en salud (APS) es la clave fundamental.






Rememorando la Declaración de Alma-Ata, la OMS dice lo siguiente: “Los gobiernos deben asegurar los recursos para el fortalecimiento de la APS y que su implementación reduzca las inequidades de salud, la necesidad de desarrollar recursos humanos necesarios para cubrir esta atención primaria a largo plazo y darles soporte a las comunidades para su participación activa”.
En nuestro país se implementó un sistema paralelo de salud; desde el año 2002 se inició con la Misión Barrio Adentro I, base de la atención primaria, organizada en pequeños módulos de atención, orientados a la promoción y prevención en salud. Hoy día, por información extraoficial, un porcentaje importante de dichos módulos no funcionan, quizás reflejo de esto es el colapso de nuestros hospitales.
En un sistema de salud público que funcione como debe ser, 80% de la población debería ver resuelto sus problemas de salud en los dos primeros niveles de atención, y 20% es el que debería asistir a los establecimientos hospitalarios, fundamentalmente a los que tienen una gran capacidad de camas de hospitalización. Los programas de salud del Ministerio del Poder Popular para la Salud tienen como lineamientos principales: la promoción y prevención en salud, prevención de factores de riesgo, atención al daño y rehabilitación. Según información también extraoficial, actualmente no cumplen estas funciones en su totalidad y han pasado a ser programas más curativos que preventivos, esto se traduce en un incremento del costo en la salud.
Orientar a las comunidades con base en campañas educativas para prevenir enfermedades y que participen en estas actividades, que se lleve a cabo en forma efectiva y completa el programa de inmunización contra las enfermedades infecciosas más importantes y que son prevenibles por la vacunación, prevenir las enfermedades endémicas –por ejemplo el dengue,  hoy en día pasó a ser epidémica y de paso no sabemos el número de casos en forma oficial desde hace aproximadamente 13 semanas–, preservar las buenas condiciones de salud ambiental y salubridad, asegurar los medicamentos esenciales. En fin, son algunos aspectos fundamentales de un  efectivo sistema público nacional de salud, con el cual no contamos todavía. De lo expuesto podemos concluir por qué la prevención es importante para preservar la salud.

(*) Presidenta de la Red  de Sociedades Científicas y Médicas de Venezuela


martes, 10 de febrero de 2015

“LA TUMBA", siete celdas de tortura en el corazón de Caracas






(Foto EFE)
El primero en denunciar internacionalmente su existencia ha sido el expresidente Andrés Pastrana, publica ABC de España.

Ludmila Vinogradoff / Corresponsal en Caracas
«La tumba» no es el nombre de una película de terror pero podría serlo por el horror al que se ven sometidos los estudiantes y presos políticos venezolanos encerrados bajo condiciones infrahumanas en reducidas celdas de dos por tres metros, sin ventanas ni baño, situadas en el nuevo edificio del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional, Sebin, que la policía política usa para torturar a los opositores.
El primero en denunciar internacionalmente la existencia de «la tumba» fue el expresidente de Colombia Andrés Pastrana la semana pasada durante su fallida visita al líder Leopoldo López en la cárcel militar de Ramo Verde.
«”La tumba” está situada cinco pisos bajo tierra»
En sus declaraciones a la prensa colombiana, Pastrana aseguró que «en Venezuela hay 83 presos políticos y casos aberrantes como son los de las tumbas, a cinco pisos bajo tierra con aire acondicionado a temperaturas por debajo de cero, donde meten a estudiantes que protestan y que no ven la luz en tres y cuatro meses».
Tamara Sujú Roa, una abogada defensora de los derechos humanos, miembro de la ONG Foro Penal Venezolano, describía hace unos días el lugar en detalle en el semanario «La Razón».
Sin luz, ni aire natural
La prisión de siete celdas pequeñas, conocida como «la tumba», está situada en su sede de la Plaza Venezuela de Caracas. En el sótano quinto se hallan recluidos desde hace más de cinco meses tres jóvenes estudiantes: Lorent Saleh, Gabriel Valles y Gerardo Carrero por protestar contra el gobierno de Maduro.
En su relato la abogada sintió claustrofobia al visitar la prisión. «En “la tumba”, cinco pisos por debajo de la superficie, no hay sonidos, no hay ventanas, no hay luz natural ni ventilación. Solo se escucha el paso del Metro, encima de la cabeza. Las siete celdas de dos por tres metros están alineadas de forma continua, una detrás de la otra, por lo que los detenidos no pueden verse. Piso y paredes blancas, rejas grises, con una apertura por donde les meten la comida. Cama de cemento blanco, mesa de cemento blanco. Los detenidos pasan las 24 horas del día encerrados vigilados por cámaras y micrófonos. Sólo estiran las piernas cuando tocan un timbre interno para ir al baño, y hay veces en que no los sacan, por lo que tienen un bote (vacinica) previsto para esa emergencia. No hay otro color. Sólo blanco y gris. No hay sonido, sólo sus voces, no hay ni sol, ni luna, ni tiempo, porque no tienen reloj, por lo que no tienen noción de la hora, y no se saben si realmente es de día o es de noche».
«Los detenidos sufren diarreas, vómitos, fiebre y alucinaciones»
Los familiares y abogados de los tres estudiantes: Carrero, Saleh y Valles han denunciado en el primer mes de reclusión que los jóvenes ni siquiera podían dormir porque la luz blanca permanecía encendida las 24 horas del día, y el aire acondicionado lo ponían a muy baja temperatura, como un frigorífico. Los detenidos saben que es de noche cuando les apagan la luz, pero «el aire acondicionado a cero grados funge como mecanismo de tortura, es decir, cuando quieren castigarlos, se lo ponen bien frío. Comen en el suelo, sentados en el pequeño espacio que queda entre la cama y la reja.
Visten uniforme caqui, y sólo pueden usar su ropa en la hora de visita. Sólo tienen permitido que los vean dos personas cuyos nombres ellos dieron cuando llegaron allí. Al principio, no les permitieron la visita de los abogados durante más de un mes. Todos han estado enfermos. Diarreas, vómitos, fiebre alta y alucinaciones. Un médico del Sebin les receta algún medicamento que ingieren con temor», subraya Sujú.
Y añade: «El aislamiento de estos jóvenes, día tras día, mes tras mes, termina siendo desquiciante. Sólo los han sacado al exterior tres veces, por una hora, en cinco meses. Todos están muy pálidos, obviamente, además las secuelas que deja la falta de vitamina D. Se les permiten libros, aprobados por los custodios, pero no tienen acceso a prensa, ni a noticias de ningún tipo».
«La tortura blanca pretende acabar con la voluntad de los detenidos»
El abogado Omar Mora Tosta, director de la ONG «Justicia y Proceso», señala que en «la tumba» los carceleros practican la «tortura blanca» o la «muerte blanca», que acaba quebrando la voluntad de los detenidos para obligarlos a firmar documentos en los que se declaran culpables y comprometen a terceras personas. Hasta ahora los detenidos han resistido las torturas y no han firmado ninguna declaración, asegura el abogado Mora. También refiere que para distraerse los jóvenes se la pasan quitando y poniendo calcetines como una manera de ejercitar la mente.

martes, 13 de enero de 2015

Conferencia Episcopal Venezolana




EXHORTACIÓN PASTORAL
RENOVACIÓN ÉTICA Y  ESPIRITUAL FRENTE A LA CRISIS





1.    Con profunda y renovada esperanza en Dios, al inicio de este año 2015 los Obispos de Venezuela saludamos a todos los venezolanos, y elevamos nuestras oraciones al Señor por el bienestar y la paz del país. En medio de los problemas que nos agobian, hemos visto en Navidad la luz de Jesús, nuestro Divino Salvador (Lc 2, 9), quien nos anima a ir adelante, en fidelidad a su palabra, para construir un mundo mejor. Confiando en El queremos una vez más compartir con nuestro pueblo algunas inquietudes sobre la actual situación del país, para contribuir a resolver la crisis que enfrentamos.

EN MEDIO DE UNA CRISIS GENERAL 

2.    La primera parte del año 2014 estuvo marcada por una fuerte agitación política y social. En esos momentos los Obispos manifestamos firmemente nuestro rechazo a toda violencia, fuera cual fuera su origen y autores, pues ella produjo un saldo de 43 muertos y muchos heridos, lo cual deploramos sin hacer distinción de sectores sociales o políticos; denunciamos el uso excesivo de la fuerza en la represión de las protestas, así como la detención de miles de personas, muchas de ellas todavía hoy en prisión, o sujetas a presentación ante tribunales penales o a otras medidas restrictivas de libertad; y manifestamos nuestras condolencias y solidaridad con las víctimas y sus familias. Hay abundantes denuncias de violaciones de derechos humanos e incluso de torturas a los detenidos, que deben ser atendidas y sancionados los culpables de estos delitos.

3.    Esa grave crisis planteó la necesidad de un diálogo entre dirigentes del gobierno, de la oposición y de otros sectores. Gracias, entre otras cosas, a los llamados del Papa Francisco y a la participación del Nuncio Apostólico de Su Santidad, S.E Mons. Aldo Giordano, se dio inicio a un diálogo que lamentablemente no pasó de los primeros encuentros.
4.    A esta situación se ha unido en los últimos meses la angustia generalizada del pueblo por la crisis económica que sufrimos, pues se ve sometido a dificultades nunca vistas para tener acceso a artículos de primera necesidad. Una deuda externa gigantesca, que hipoteca el futuro de los venezolanos, la inflación desbordada, la devaluación de nuestra moneda, el contrabando de extracción y el desabastecimiento de productos básicos han generado el empobrecimiento creciente de amplio sectores de la población, particularmente los de menos recursos económicos. Esta crisis se acrecienta por la corrupción administrativa, el centralismo, el saqueo de las divisas del fisco, la reciente baja de los precios del petróleo, y por la ineficacia de las medidas y planes que está aplicando el Gobierno Nacional para enfrentarla.
5.    También nos encontramos en una situación de violencia social cada vez peor. El lenguaje ofensivo, la descalificación sistemática a toda opinión contraria, incitan al fanatismo y a la irracionalidad. La crisis de inseguridad pública es intolerable. Lamentablemente los esfuerzos y programas desarrollados por el gobierno para controlar este flagelo han resultado ineficaces. A esto se suman graves problemas en el campo de la salud, como el de  epidemias virales no enfrentadas con eficiencia, la carencia de medicinas, insumos y equipos médicos en todo el país. Por otra parte, la muerte de más de cuarenta internos en el presidio de Uribana revela una situación trágica en nuestro sistema carcelario, que debe ser reformado totalmente.



UN CAMINO EQUIVOCADO
6.    El mayor problema y la causa de esta crisis general, como hemos señalado en otras ocasiones, es la decisión del Gobierno Nacional y de los otros órganos del Poder Público de imponer un sistema político–económico de corte socialista marxista o comunista. Ese sistema es totalitario y centralista,  establece el control del Estado sobre todos los aspectos de la vida de los ciudadanos y de las instituciones públicas y privadas. Además, atenta contra la libertad y los derechos de las personas y asociaciones y ha conducido a la opresión y a la ruina a todos los países donde se ha aplicado.

7.    Esta decisión se evidencia, entre otras cosas, en el desprecio de cualquier propuesta que no sea la oficial, en el desarrollo de una hegemonía comunicacional que entraba y limita la actuación de medios independientes, en el propósito de controlar los sindicatos, en la persecución por vía judicial de la disidencia política, en la multiplicación de leyes, normativas y procedimientos que dificultan la acción del sector privado, incluso de aquellas organizaciones sin fines de lucro que se dedican a promover obras de beneficio social. Así mismo se manifiesta en la reciente designación de los Rectores del Consejo Nacional Electoral, de algunos magistrados del Tribunal Supremo de Justicia y de las autoridades del Poder Ciudadano de acuerdo a intereses partidistas, la cual no refleja la pluralidad política del país y de la Asamblea Nacional, y ha llevado al cuestionamiento legal y ético de los procedimientos usados. De nuevo afirmamos: el socialismo marxista es un camino equivocado, y por eso no se debe establecer en Venezuela.

URGENCIA DE CONCERTACIÓN Y DIALOGO EFICAZ
8.    Por todas estas razones proponemos nuevamente el diálogo como la vía indispensable para lograr la concertación y resolver los graves problemas de nuestro país. Ahora bien: un diálogo  sincero y eficaz que prevea cambios y acuerdos en bien de todos, solo es posible con una esperanza trascendental que ponga en movimiento a la mayoría de los venezolanos - de todas las tendencias políticas-  con los valores indispensables para la regeneración del país. Por otra parte, la Asamblea Nacional debería ser la primera instancia de diálogo y  respeto de la pluralidad política de Venezuela.
9.        Para lograr la concertación es preciso el respeto absoluto a los derechos humanos, y  descartar la violencia excesiva en el control de legítimas manifestaciones del pueblo por parte de los funcionarios del Estado. También es necesario liberar a los presos políticos y no utilizar el sistema judicial para amedrentar e inhabilitar a adversarios políticos. La libertad de expresión y la existencia de medios de comunicación independientes deben ser respetadas.

10.    El restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos luego de 53 años de enfrentamientos, propiciado por la mediación del Papa Francisco, revela que posiciones intransigentes y radicales, son estériles, y finalmente deben dar paso al encuentro y  al diálogo.

LLAMADOS A LA RESPONSABILIDAD
11.    El Gobierno Nacional y todas las autoridades deben asumir su responsabilidad en solucionar los problemas que vive el país, activando los correctivos necesarios para evitar el empeoramiento de la crisis. Los dirigentes de los órganos del Poder Público, más allá de los procedimientos con que fueron designados, deben ejercer sus cargos con imparcialidad y justicia, teniendo en cuenta que Dios y la Patria juzgarán y castigarán a quienes cometan cualquier injusticia y quebranten el juramento de actuar bien.
12.    De igual manera los líderes de los diversos sectores políticos, empresariales, laborales y culturales, deben participar en la solución de dichos graves problemas. Los líderes de la oposición están en la obligación de presentar un proyecto común de país y trabajar por el bien de Venezuela, superando las tentaciones de personalismo. El estamento militar debe actuar con la imparcialidad postulada por la Constitución. Las fuerzas políticas y el pueblo venezolano en general deben rechazar todo tipo de violencia. Si actuamos todos con el arma de la no violencia, podremos reconstruir la convivencia social, el orden constitucional y la paz interna de la República.




13.    Y cabe subrayar que cada uno de nosotros, como ciudadanos, tiene responsabilidades políticas que no puede delegar. En el ejercicio de esa responsabilidad debemos ejercer y defender activa y firmemente, siempre con medios pacíficos, nuestros derechos y los derechos de los demás, y exigir el respeto a las condiciones necesarias para una convivencia nacional justa, pacífica y provechosa para todos.

ELECCIONES PARLAMENTARIAS
14.    Una oportunidad estupenda para ejercer esa responsabilidad política en este año son las elecciones para la Asamblea Nacional. Los actores políticos deben postular a personas debidamente seleccionadas y capaces, de alta responsabilidad, cualidades morales y espíritu de servicio al pueblo. Llamamos a todos los electores a participar, pues del voto de cada uno de nosotros dependerá la composición de la futura Asamblea, factor importantísimo en la solución de los problemas del país. El Consejo Nacional Electoral tiene la ineludible obligación moral de actuar con transparencia e imparcialidad, sin promover cambios que lesionen la justicia y la representación equitativa de la población. Le corresponde también la obligación de perfeccionar el sistema electoral de manera que no haya ventajismos de ningún grupo, y que no se utilicen los recursos del Estado para promover  ninguna candidatura.

REFORMAS ECONOMICAS Y RENOVACION SOCIAL

15.    El sistema económico que está imponiendo el Gobierno Nacional es, a todas luces, ineficaz. Es necesario que, dejando a un lado concepciones ideológicas rígidas y fracasadas así como el afán de controlarlo todo, el Gobierno impulse reformas que eliminen trabas a la producción, detengan la inflación,  y solucionen el desabastecimiento y la carestía de los artículos de primera necesidad. Entre otras cosas promoviendo la actividad privada en la economía, consagrada en la Constitución.

16.    Venezuela necesita un nuevo espíritu emprendedor con audacia y creatividad. Es urgente estimular la laboriosidad y la producción dando seguridad jurídica y fomentando empresas eficientes, tanto  públicas como privadas. Pero también es necesario observar una conducta ética, recta y honesta. Recordemos que la corrupción, cobrar indebidamente por cualquier trámite, la especulación en los precios, querer ganar dinero sin trabajar, el fraude, son graves males y pecados que deben ser desterrados de la vida nacional y de la conducta de todos los ciudadanos, en particular de los funcionarios del Estado.
17.    Los cuerpos de seguridad deben urgentemente actuar con mayor empeño y efectividad en el marco de la Constitución y las leyes para garantizar la seguridad personal y patrimonial de los venezolanos, combatir eficazmente la inseguridad, y someter a la delincuencia, que tanto dolor causa en todos los sectores sociales. En el mundo obrero hay que respetar y defender los derechos legítimos de los trabajadores a la organización sindical. En el campo de la salud el  Gobierno Nacional debe afrontar las graves deficiencias actuales, mejorar la red de los servicios públicos hospitalarios y asistenciales, y solucionar pronto y definitivamente el desabastecimiento de medicinas y equipos médicos.
18.    Para lograr una profunda renovación social es preciso que todos fomentemos y apoyemos con fuerza la unión familiar, pues la familia es el núcleo fundamental de la sociedad. Deploramos la emigración de miles de venezolanos, que desintegra las familias y constituye un empobrecimiento de nuestro talento humano. Hay que promover también, a todo nivel, un nuevo clima nacional de convivencia, de fraternidad, de entendimiento, ajeno al enfrentamiento, a la exclusión y a la polarización. Esto es muy necesario especialmente en las comunidades de los recientes desarrollos residenciales de la Gran Misión Vivienda Venezuela, para ayudarlas a convivir como buenos vecinos y hermanos en una situación nueva para ellos.

RENOVACIÓN ÉTICA Y ESPIRITUAL
19.    La grave crisis que confrontamos en Venezuela revela una situación aún más profunda: una crisis moral, de valores, actitudes, motivaciones y conductas, que es preciso corregir. Tenemos que superar actitudes como el afán de riqueza fácil y la corrupción, la soberbia política, la prepotencia y el ansia del poder, el egoísmo, la pereza, el odio y la violencia. Y hemos de rescatar los principios de legalidad, legitimidad y moralidad que sustentan el entramado de la convivencia social. Estamos convencidos de que es posible una Patria en la que impere la democracia, con instituciones eficaces y saludables, donde cada persona y la sociedad entera puedan desarrollar sus iniciativas, superarse y comprometerse con la promoción del bien común. Es necesaria la práctica de las virtudes personales y cívicas, de lo cual fue preclaro ejemplo el Venerable Dr. José Gregorio Hernández
20.    Por eso, como pastores de la Iglesia en Venezuela, hacemos un insistente llamado a la conversión moral, y al cumplimiento de los Mandamientos de la Ley de Dios. Es necesario que escuchemos y cumplamos la palabra de Dios, camino hacia la felicidad personal y social (Lc 11, 28), que nos invita a reavivar lo mejor de nosotros mismos: el amor al prójimo para construir juntos una Venezuela renovada donde florezcan la vida digna y los derechos de todos.
21.    Esta crisis nacional no será resuelta en su totalidad sin una renovación moral y espiritual que lleve a líneas concretas de acción. No podemos creer en Dios y actuar de cualquier manera. Rechacemos la injusticia, la corrupción y la violencia como males morales que hunden al país, y vivamos de acuerdo al proyecto del Reino de Dios predicado por Nuestro Señor Jesucristo. Como nos recuerda el Papa Francisco: “se trata de amar a Dios que reina en el mundo. En la medida en que Él logre reinar entre nosotros, la vida social será ámbito de fraternidad, de justicia, de paz, de dignidad para todos” (Evangelii Gaudium 180).

EN CRISTO PONEMOS NUESTRA ESPERANZA
22.    Queridos hermanos y hermanas: este dramático análisis que hacemos con dolor, nace de nuestra cercanía al pueblo que sufre, y de la misión pastoral que nos impulsa a ser promotores de la dignidad humana y de la paz. Nos sentimos solidarios con quienes se sienten particularmente inquietos, afligidos y angustiados por la actual situación. Manifestamos nuestra determinación y compromiso de renovación personal y comunitaria en la línea de las exigencias del Evangelio proclamadas por el Papa Francisco, y de continuar trabajando para llevar firme esperanza y el consuelo de Dios a los más  necesitados, en la línea de la opción por los pobres. 
23.    En medio de esta crisis, proclamamos: Cristo crucificado y resucitado es nuestra esperanza. El venció la adversidad y el mal. El nos da su Espíritu Santo para  renovar el mundo. La esperanza no es pasividad ni conformismo. A pesar de las dificultades que se vislumbran para el presente año, los cristianos sabemos que estamos en manos de Dios. En Jesús, “Dios con nosotros” (Mt 1, 23), ponemos nuestra confianza. Sin derrotismo, actuemos con entusiasmo para superar la crisis que enfrentamos.
24.    Con estos sentimientos y con gran afecto, imploramos sobre todos los habitantes de nuestra querida Patria las bendiciones de Dios y la maternal protección de María Santísima, la Virgen de Coromoto, patrona de Venezuela. Amén.
Caracas, 12 de enero de 2015





martes, 30 de diciembre de 2014

'No esclavos sino hermanos', mensaje de la Jornada Mundial de la Paz


Texto completo del mensaje del Santo Padre Francisco para la celebración de la Jornada Mundial de la Paz que se celebra el 1 de enero







Ciudad del Vaticano, 10 de diciembre de 2014 (Zenit.org) Redacción | 259 hits
1. Al comienzo de un nuevo año, que recibimos como una gracia y un don de Dios a la humanidad, deseo dirigir a cada hombre y mujer, así como a los pueblos y naciones del mundo, a los jefes de Estado y de Gobierno, y a los líderes de las diferentes religiones, mis mejores deseos de paz, que acompaño con mis oraciones por el fin de las guerras, los conflictos y los muchos de sufrimientos causados por el hombre o por antiguas y nuevas epidemias, así como por los devastadores efectos de los desastres naturales. Rezo de modo especial para que, respondiendo a nuestra común vocación de colaborar con Dios y con todos los hombres de buena voluntad en la promoción de la concordia y la paz en el mundo, resistamos a la tentación de comportarnos de un modo indigno de nuestra humanidad. En el mensaje para el 1 de enero pasado, señalé que del «deseo de una vida plena… forma parte un anhelo indeleble de fraternidad, que nos invita a la comunión con los otros, en los que encontramos no enemigos o contrincantes, sino hermanos a los que acoger y querer».(1)  Siendo el hombre un ser relacional, destinado a realizarse en un contexto de relaciones interpersonales inspiradas por la justicia y la caridad, es esencial que para su desarrollo se reconozca y respete su dignidad, libertad y autonomía. Por desgracia, el flagelo cada vez más generalizado de la explotación del hombre por parte del hombre daña seriamente la vida de comunión y la llamada a estrechar relaciones interpersonales marcadas por el respeto, la justicia y la caridad. Este fenómeno abominable, que pisotea los derechos fundamentales de los demás y aniquila su libertad y dignidad, adquiere múltiples formas sobre las que deseo hacer una breve reflexión, de modo que, a la luz de la Palabra de Dios, consideremos a todos los hombres «no esclavos, sino hermanos».

A la escucha del proyecto de Dios sobre la humanidad
2. El tema que he elegido para este mensaje recuerda la carta de san Pablo a Filemón, en la que le pide que reciba a Onésimo, antiguo esclavo de Filemón y que después se hizo cristiano, mereciendo por eso, según Pablo, que sea considerado como un hermano. Así escribe el Apóstol de las gentes: «Quizá se apartó de ti por breve tiempo para que lo recobres ahora para siempre; y no como esclavo, sino como algo mejor que un esclavo, como un hermano querido» (Flm 15-16). Onésimo se convirtió en hermano de Filemón al hacerse cristiano. Así, la conversión a Cristo, el comienzo de una vida de discipulado en Cristo, constituye un nuevo nacimiento (cf. 2 Co 5,17; 1 P 1,3) que regenera la fraternidad como vínculo fundante de la vida familiar y base de la vida social.
En el libro del Génesis, leemos que Dios creó al hombre, varón y hembra, y los bendijo, para que crecieran y se multiplicaran (cf. 1,27-28): Hizo que Adán y Eva fueran padres, los cuales, cumpliendo la bendición de Dios de ser fecundos y multiplicarse, concibieron la primera fraternidad, la de Caín y Abel. Caín y Abel eran hermanos, porque vienen del mismo vientre, y por lo tanto tienen el mismo origen, naturaleza y dignidad de sus padres, creados a imagen y semejanza de Dios.

Pero la fraternidad expresa también la multiplicidad y diferencia que hay entre los hermanos, si bien unidos por el nacimiento y por la misma naturaleza y dignidad. Como hermanos y hermanas, todas las personas están por naturaleza relacionadas con las demás, de las que se diferencian pero con las que comparten el mismo origen, naturaleza y dignidad. Gracias a ello la fraternidad crea la red de relaciones fundamentales para la construcción de la familia humana creada por Dios.
Por desgracia, entre la primera creación que narra el libro del Génesis y el nuevo nacimiento en Cristo, que hace de los creyentes hermanos y hermanas del «primogénito entre muchos hermanos» (Rm 8,29), se encuentra la realidad negativa del pecado, que muchas veces interrumpe la fraternidad creatural y deforma continuamente la belleza y nobleza del ser hermanos y hermanas de la misma familia humana. Caín, además de no soportar a su hermano Abel, lo mata por envidia cometiendo el primer fratricidio. «El asesinato de Abel por parte de Caín deja constancia trágicamente del rechazo radical de la vocación a ser hermanos. Su historia (cf. Gn 4,1-16) pone en evidencia la dificultad de la tarea a la que están llamados todos los hombres, vivir unidos, preocupándose los unos de los otros». (2) 

También en la historia de la familia de Noé y sus hijos (cf. Gn 9,18-27), la maldad de Cam contra su padre es lo que empuja a Noé a maldecir al hijo irreverente y bendecir a los demás, que sí lo honraban, dando lugar a una desigualdad entre hermanos nacidos del mismo vientre.
En la historia de los orígenes de la familia humana, el pecado de la separación de Dios, de la figura del padre y del hermano, se convierte en una expresión del rechazo de la comunión traduciéndose en la cultura de la esclavitud (cf. Gn 9,25-27), con las consecuencias que ello conlleva y que se perpetúan de generación en generación: rechazo del otro, maltrato de las personas, violación de la dignidad y los derechos fundamentales, la institucionalización de la desigualdad. De ahí la necesidad de convertirse continuamente a la Alianza, consumada por la oblación de Cristo en la cruz, seguros de que «donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia... por Jesucristo» (Rm 5,20.21). Él, el Hijo amado (cf. Mt 3,17), vino a revelar el amor del Padre por la humanidad. El que escucha el evangelio, y responde a la llamada a la conversión, llega a ser en Jesús «hermano y hermana, y madre» (Mt 12,50) y, por tanto, hijo adoptivo de su Padre (cf. Ef. 1,5).

No se llega a ser cristiano, hijo del Padre y hermano en Cristo, por una disposición divina autoritativa, sin el concurso de la libertad personal, es decir, sin convertirse libremente a Cristo. El ser hijo de Dios responde al imperativo de la conversión: «Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesús, el Mesías, para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo» (Hch 2,38). Todos los que respondieron con la fe y la vida a esta predicación de Pedro entraron en la fraternidad de la primera comunidad cristiana (cf. 1 P 2,17; Hch 1,15.16; 6,3; 15,23): judíos y griegos, esclavos y hombres libres (cf. 1 Co 12,13; Ga 3,28), cuya diversidad de origen y condición social no disminuye la dignidad de cada uno, ni excluye a nadie de la pertenencia al Pueblo de Dios. Por ello, la comunidad cristiana es el lugar de la comunión vivida en el amor entre los hermanos (cf. Rm 12,10; 1 Ts 4,9; Hb 13,1; 1 P 1,22; 2 P 1,7).

Todo esto demuestra cómo la Buena Nueva de Jesucristo, por la que Dios hace «nuevas todas las cosas» (Ap 21,5), (3)  también es capaz de redimir las relaciones entre los hombres, incluida aquella entre un esclavo y su amo, destacando lo que ambos tienen en común: la filiación adoptiva y el vínculo de fraternidad en Cristo. El mismo Jesús dijo a sus discípulos: «Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer» (Jn 15,15).

Múltiples rostros de la esclavitud de entonces y de ahora
3. Desde tiempos inmemoriales, las diferentes sociedades humanas conocen el fenómeno del sometimiento del hombre por parte del hombre. Ha habido períodos en la historia humana en que la institución de la esclavitud estaba generalmente aceptada y regulada por el derecho. Éste establecía quién nacía libre, y quién, en cambio, nacía esclavo, y en qué condiciones la persona nacida libre podía perder su libertad u obtenerla de nuevo. En otras palabras, el mismo derecho admitía que algunas personas podían o debían ser consideradas propiedad de otra persona, la cual podía disponer libremente de ellas; el esclavo podía ser vendido y comprado, cedido y adquirido como una mercancía.
Hoy, como resultado de un desarrollo positivo de la conciencia de la humanidad, la esclavitud, crimen de lesa humanidad, (4)  está oficialmente abolida en el mundo. El derecho de toda persona a no ser sometida a esclavitud ni a servidumbre está reconocido en el derecho internacional como norma inderogable.
Sin embargo, a pesar de que la comunidad internacional ha adoptado diversos acuerdos para poner fin a la esclavitud en todas sus formas, y ha dispuesto varias estrategias para combatir este fenómeno, todavía hay millones de personas –niños, hombres y mujeres de todas las edades– privados de su libertad y obligados a vivir en condiciones similares a la esclavitud.
Me refiero a tantos trabajadores y trabajadoras, incluso menores, oprimidos de manera formal o informal en todos los sectores, desde el trabajo doméstico al de la agricultura, de la industria manufacturera a la minería, tanto en los países donde la legislación laboral no cumple con las mínimas normas y estándares internacionales, como, aunque de manera ilegal, en aquellos cuya legislación protege a los trabajadores.
Pienso también en las condiciones de vida de muchos emigrantes que, en su dramático viaje, sufren el hambre, se ven privados de la libertad, despojados de sus bienes o de los que se abusa física y sexualmente. En aquellos que, una vez llegados a su destino después de un viaje durísimo y con miedo e inseguridad, son detenidos en condiciones a veces inhumanas. Pienso en los que se ven obligados a la clandestinidad por diferentes motivos sociales, políticos y económicos, y en aquellos que, con el fin de permanecer dentro de la ley, aceptan vivir y trabajar en condiciones inadmisibles, sobre todo cuando las legislaciones nacionales crean o permiten una dependencia estructural del trabajador emigrado con respecto al empleador, como por ejemplo cuando se condiciona la legalidad de la estancia al contrato de trabajo... Sí, pienso en el «trabajo esclavo».
Pienso en las personas obligadas a ejercer la prostitución, entre las que hay muchos menores, y en los esclavos y esclavas sexuales; en las mujeres obligadas a casarse, en aquellas que son vendidas con vistas al matrimonio o en las entregadas en sucesión, a un familiar después de la muerte de su marido, sin tener el derecho de dar o no su consentimiento.
No puedo dejar de pensar en los niños y adultos que son víctimas del tráfico y comercialización para la extracción de órganos, para ser reclutados como soldados, para la mendicidad, para actividades ilegales como la producción o venta de drogas, o para formas encubiertas de adopción internacional.
Pienso finalmente en todos los secuestrados y encerrados en cautividad por grupos terroristas, puestos a su servicio como combatientes o, sobre todo las niñas y mujeres, como esclavas sexuales. Muchos de ellos desaparecen, otros son vendidos varias veces, torturados, mutilados o asesinados.

Algunas causas profundas de la esclavitud
4. Hoy como ayer, en la raíz de la esclavitud se encuentra una concepción de la persona humana que admite el que pueda ser tratada como un objeto. Cuando el pecado corrompe el corazón humano, y lo aleja de su Creador y de sus semejantes, éstos ya no se ven como seres de la misma dignidad, como hermanos y hermanas en la humanidad, sino como objetos. La persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, queda privada de la libertad, mercantilizada, reducida a ser propiedad de otro, con la fuerza, el engaño o la constricción física o psicológica; es tratada como un medio y no como un fin.
Junto a esta causa ontológica –rechazo de la humanidad del otro¬ hay otras que ayudan a explicar las formas contemporáneas de la esclavitud. Me refiero en primer lugar a la pobreza, al subdesarrollo y a la exclusión, especialmente cuando se combinan con la falta de acceso a la educación o con una realidad caracterizada por las escasas, por no decir inexistentes, oportunidades de trabajo. Con frecuencia, las víctimas de la trata y de la esclavitud son personas que han buscado una manera de salir de un estado de pobreza extrema, creyendo a menudo en falsas promesas de trabajo, para caer después en manos de redes criminales que trafican con los seres humanos. Estas redes utilizan hábilmente las modernas tecnologías informáticas para embaucar a jóvenes y niños en todas las partes del mundo.
Entre las causas de la esclavitud hay que incluir también la corrupción de quienes están dispuestos a hacer cualquier cosa para enriquecerse. En efecto, la esclavitud y la trata de personas humanas requieren una complicidad que con mucha frecuencia pasa a través de la corrupción de los intermediarios, de algunos miembros de las fuerzas del orden o de otros agentes estatales, o de diferentes instituciones, civiles y militares. «Esto sucede cuando al centro de un sistema económico está el dios dinero y no el hombre, la persona humana. Sí, en el centro de todo sistema social o económico, tiene que estar la persona, imagen de Dios, creada para que fuera el dominador del universo. Cuando la persona es desplazada y viene el dios dinero sucede esta trastocación de valores».  (5) 

Otras causas de la esclavitud son los conflictos armados, la violencia, el crimen y el terrorismo. Muchas personas son secuestradas para ser vendidas o reclutadas como combatientes o explotadas sexualmente, mientras que otras se ven obligadas a emigrar, dejando todo lo que poseen: tierra, hogar, propiedades, e incluso la familia. Éstas últimas se ven empujadas a buscar una alternativa a esas terribles condiciones aun a costa de su propia dignidad y supervivencia, con el riesgo de entrar de ese modo en ese círculo vicioso que las convierte en víctimas de la miseria, la corrupción y sus consecuencias perniciosas.
Compromiso común para derrotar la esclavitud 
5. Con frecuencia, cuando observamos el fenómeno de la trata de personas, del tráfico ilegal de los emigrantes y de otras formas conocidas y desconocidas de la esclavitud, tenemos la impresión de que todo esto tiene lugar bajo la indiferencia general.
Aunque por desgracia esto es cierto en gran parte, quisiera mencionar el gran trabajo silencioso que muchas congregaciones religiosas, especialmente femeninas, realizan desde hace muchos años en favor de las víctimas. Estos Institutos trabajan en contextos difíciles, a veces dominados por la violencia, tratando de romper las cadenas invisibles que tienen encadenadas a las víctimas a sus traficantes y explotadores; cadenas cuyos eslabones están hechos de sutiles mecanismos psicológicos, que convierten a las víctimas en dependientes de sus verdugos, a través del chantaje y la amenaza, a ellos y a sus seres queridos, pero también a través de medios materiales, como la confiscación de documentos de identidad y la violencia física. La actividad de las congregaciones religiosas se estructura principalmente en torno a tres acciones: la asistencia a las víctimas, su rehabilitación bajo el aspecto psicológico y formativo, y su reinserción en la sociedad de destino o de origen.
Este inmenso trabajo, que requiere coraje, paciencia y perseverancia, merece el aprecio de toda la Iglesia y de la sociedad. Pero, naturalmente, por sí solo no es suficiente para poner fin al flagelo de la explotación de la persona humana. Se requiere también un triple compromiso a nivel institucional de prevención, protección de las víctimas y persecución judicial contra los responsables. Además, como las organizaciones criminales utilizan redes globales para lograr sus objetivos, la acción para derrotar a este fenómeno requiere un esfuerzo conjunto y también global por parte de los diferentes agentes que conforman la sociedad.
Los Estados deben vigilar para que su legislación nacional en materia de migración, trabajo, adopciones, deslocalización de empresas y comercialización de los productos elaborados mediante la explotación del trabajo, respete la dignidad de la persona. Se necesitan leyes justas, centradas en la persona humana, que defiendan sus derechos fundamentales y los restablezcan cuando son pisoteados, rehabilitando a la víctima y garantizando su integridad, así como mecanismos de seguridad eficaces para controlar la aplicación correcta de estas normas, que no dejen espacio a la corrupción y la impunidad. Es preciso que se reconozca también el papel de la mujer en la sociedad, trabajando también en el plano cultural y de la comunicación para obtener los resultados deseados.
Las organizaciones intergubernamentales, de acuerdo con el principio de subsidiariedad, están llamadas a implementar iniciativas coordinadas para luchar contra las redes transnacionales del crimen organizado que gestionan la trata de personas y el tráfico ilegal de emigrantes. Es necesaria una cooperación en diferentes niveles, que incluya a las instituciones nacionales e internacionales, así como a las organizaciones de la sociedad civil y del mundo empresarial.
Las empresas (6),  en efecto, tienen el deber de garantizar a sus empleados condiciones de trabajo dignas y salarios adecuados, pero también han de vigilar para que no se produzcan en las cadenas de distribución formas de servidumbre o trata de personas. A la responsabilidad social de la empresa hay que unir la responsabilidad social del consumidor. Pues cada persona debe ser consciente de que «comprar es siempre un acto moral, además de económico». (7)
Las organizaciones de la sociedad civil, por su parte, tienen la tarea de sensibilizar y estimular las conciencias acerca de las medidas necesarias para combatir y erradicar la cultura de la esclavitud.
En los últimos años, la Santa Sede, acogiendo el grito de dolor de las víctimas de la trata de personas y la voz de las congregaciones religiosas que las acompañan hacia su liberación, ha multiplicado los llamamientos a la comunidad internacional para que los diversos actores unan sus esfuerzos y cooperen para poner fin a esta plaga.(8)  Además, se han organizado algunos encuentros con el fin de dar visibilidad al fenómeno de la trata de personas y facilitar la colaboración entre los diferentes agentes, incluidos expertos del mundo académico y de las organizaciones internacionales, organismos policiales de los diferentes países de origen, tránsito y destino de los migrantes, así como representantes de grupos eclesiales que trabajan por las víctimas. Espero que estos esfuerzos continúen y se redoblen en los próximos años.

Globalizar la fraternidad, no la esclavitud ni la indiferencia
6. En su tarea de «anuncio de la verdad del amor de Cristo en la sociedad», (9)  la Iglesia se esfuerza constantemente en las acciones de carácter caritativo partiendo de la verdad sobre el hombre. Tiene la misión de mostrar a todos el camino de la conversión, que lleve a cambiar el modo de ver al prójimo, a reconocer en el otro, sea quien sea, a un hermano y a una hermana en la humanidad; reconocer su dignidad intrínseca en la verdad y libertad, como nos lo muestra la historia de Josefina Bakhita, la santa proveniente de la región de Darfur, en Sudán, secuestrada cuando tenía nueve años por traficantes de esclavos y vendida a dueños feroces. A través de sucesos dolorosos llegó a ser «hija libre de Dios», mediante la fe vivida en la consagración religiosa y en el servicio a los demás, especialmente a los pequeños y débiles. Esta Santa, que vivió entre los siglos XIX y XX, es hoy un testigo ejemplar de esperanza (10)  para las numerosas víctimas de la esclavitud y un apoyo en los esfuerzos de todos aquellos que se dedican a luchar contra esta «llaga en el cuerpo de la humanidad contemporánea, una herida en la carne de Cristo».(11) 
En esta perspectiva, deseo invitar a cada uno, según su puesto y responsabilidades, a realizar gestos de fraternidad con los que se encuentran en un estado de sometimiento. Preguntémonos, tanto comunitaria como personalmente, cómo nos sentimos interpelados cuando encontramos o tratamos en la vida cotidiana con víctimas de la trata de personas, o cuando tenemos que elegir productos que con probabilidad podrían haber sido realizados mediante la explotación de otras personas. Algunos hacen la vista gorda, ya sea por indiferencia, o porque se desentienden de las preocupaciones diarias, o por razones económicas. Otros, sin embargo, optan por hacer algo positivo, participando en asociaciones civiles o haciendo pequeños gestos cotidianos –que son tan valiosos–, como decir una palabra, un saludo, un «buenos días» o una sonrisa, que no nos cuestan nada, pero que pueden dar esperanza, abrir caminos, cambiar la vida de una persona que vive en la invisibilidad, e incluso cambiar nuestras vidas en relación con esta realidad.
Debemos reconocer que estamos frente a un fenómeno mundial que sobrepasa las competencias de una sola comunidad o nación. Para derrotarlo, se necesita una movilización de una dimensión comparable a la del mismo fenómeno. Por esta razón, hago un llamamiento urgente a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, y a todos los que, de lejos o de cerca, incluso en los más altos niveles de las instituciones, son testigos del flagelo de la esclavitud contemporánea, para que no sean cómplices de este mal, para que no aparten los ojos del sufrimiento de sus hermanos y hermanas en humanidad, privados de libertad y dignidad, sino que tengan el valor de tocar la carne sufriente de Cristo,(12)  que se hace visible a través de los numerosos rostros de los que él mismo llama «mis hermanos más pequeños» (Mt 25,40.45).
Sabemos que Dios nos pedirá a cada uno de nosotros: ¿Qué has hecho con tu hermano? (cf. Gn 4,9-10). La globalización de la indiferencia, que ahora afecta a la vida de tantos hermanos y hermanas, nos pide que seamos artífices de una globalización de la solidaridad y de la fraternidad, que les dé esperanza y los haga reanudar con ánimo el camino, a través de los problemas de nuestro tiempo y las nuevas perspectivas que trae consigo, y que Dios pone en nuestras manos.
Vaticano, 8 de diciembre de 2014

(1)  N. 1.
(2)  Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2014, 2.
(3)  Cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 11.
(4)  Cf. Discurso a la Asociación internacional de Derecho penal, 23 octubre 2014: L’Osservatore Romano, Ed. lengua española, 31 octubre 2014, p. 8.
(5)  Discurso a los participantes en el encuentro mundial de los movimientos populares, 28 octubre 2014: L’Osservatore Romano, Ed. lengua española, 31 octubre 2014, p. 3.
(6)  Cf. PONTIFICIO CONSEJO PARA LA JUSTICIA Y LA PAZ, La vocazione del leader d’impresa. Una riflessione, Milano e Roma, 2013.
(7)  BENEDICTO XVI, Cart. enc. Caritas in veritate, 66.
(8)  Cf. Mensaje al Sr. Guy Ryder, Director general de la Organización internacional del trabajo, con motivo de la Sesión 103 de la Conferencia de la OIT, 22 mayo 2014: L’Osservatore Romano, Ed. leng. española 6 junio 2014, p. 3.
(9)  BENEDICTO XVI, Carta. enc. Caritas in veritate, 5.
(10)  «A través del conocimiento de esta esperanza ella fue “redimida”, ya no se sentía esclava, sino hija libre de Dios. Entendió lo que Pablo quería decir cuando recordó a los Efesios que antes estaban en el mundo sin esperanza y sin Dios» (BENEDICTO XVI, Carta. enc. Spe salvi, 3).
(11)  Discurso a los participantes en la II Conferencia internacional sobre la Trata de personas: Church and Law Enforcement in partnership, 10 abril 2014: L’Osservatore Romano, Ed. leng. española 11 abril 2014, p. 9; cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 270.
(12)  Cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 24; 270.